Comprender el impacto del estrés actual y estrategias efectivas para mejorar la resiliencia.
En el vertiginoso mundo actual, es muy común que muchas personas se sientan abrumadas por un mar interminable de plazos, expectativas, desafíos y una larga lista de tareas pendientes. La falta de energía y la fatiga son quejas frecuentes, y estados de ánimo negativos como la irritabilidad o la frustración pueden manifestarse fácilmente bajo estrés. Tomar una barrita energética por la tarde o una tercera taza de café no es una forma inusual de obtener un aporte rápido de energía; desafortunadamente, esta es solo una solución temporal para la falta de energía o el mal humor. Con el tiempo, los efectos estimulantes de la cafeína y los dulces terminan alimentando la falta de energía y desencadenando la liberación de más hormonas del estrés, lo que a su vez agota los nutrientes necesarios para modular la respuesta al estrés.
El estrés afecta a todos y se considera una parte inevitable de la vida. La susceptibilidad al estrés varía de persona a persona, al igual que la respuesta al mismo. Los breves episodios de estrés para superar el letargo o mejorar el rendimiento constituyen una respuesta positiva, saludable y estimulante. Hans Selye, pionero del estudio del estrés en la actualidad, lo denominó "eustrés" y lo describió como una fuerza positiva que potencia los mecanismos de adaptación al estrés, además de alertar al cuerpo para que realice cambios en su estilo de vida si es necesario, con el fin de optimizar la salud. Este estrés estimulante proporciona al atleta una ventaja competitiva o a un orador la capacidad de proyectar entusiasmo.
Por otro lado, el estrés se percibe como una experiencia negativa cuando fatiga el cuerpo, causa problemas físicos y de comportamiento, supera la capacidad de afrontamiento y, en muchos casos, contribuye a enfermedades crónicas. Este estrés perjudicial se denomina «distrés» y produce reacciones exageradas, confusión, dificultad para concentrarse y ansiedad ante el rendimiento. Las neuronas del cerebro generalmente se comunican entre sí en una parte llamada hipocampo. Durante el estrés sostenido a lo largo de semanas o meses, estos procesos neuronales se interrumpen, lo que afecta la memoria, la capacidad de aprendizaje y la respuesta al estrés.
¿Por qué somos propensos al estrés?
En su célebre libro «Por qué las cebras no tienen úlceras», el profesor Robert Sapolsky se basa en la investigación de Hans Selye para ilustrar con humor cómo las cebras, que viven en lugares peligrosos y son perseguidas constantemente por depredadores como los leones, tienen menos probabilidades de desarrollar úlceras que los humanos. Esto se debe a que, para animales como las cebras, las situaciones más estresantes de la vida son crisis físicas agudas para las que sus cuerpos se han adaptado fisiológicamente. Una vez superada la amenaza o el estrés inmediato, se recuperan y vuelven a pastar en la sabana. Fisiológicamente, los seres humanos también están diseñados para responder de forma excelente a «emergencias» similares a corto plazo: la respuesta de «lucha o huida» moviliza adrenalina y cortisol para liberar glucosa en sangre, aumentar la presión arterial y la frecuencia cardíaca para una mejor oxigenación de los músculos, y una vez superada la crisis, el cuerpo activa respuestas inmunitarias y neurotransmisores calmantes para facilitar la recuperación del estrés. Los efectos nocivos se producen cuando el sistema de respuesta al estrés permanece crónicamente activado, lo que conlleva una serie de síntomas y problemas de salud. En particular, los seres humanos generan la misma respuesta simplemente anticipándose al estrés, independientemente de si el factor estresante es real o no, y de si está justificado o no. Numerosas evidencias revelan que las enfermedades relacionadas con el estrés surgen, principalmente, de la activación de un sistema fisiológico que ha evolucionado para responder a emergencias físicas agudas, pero que permanece activado durante meses en un estado constante de estrés.
¿Cuál es el resultado del estrés?
La homeostasis es el estado en el que el cuerpo mantiene diversas variables fisiológicas en niveles óptimos para conservar un equilibrio estable. Un factor estresante es cualquier cosa que pueda provocar un desequilibrio en la homeostasis; el estado en el que el cuerpo mantiene diversas variables fisiológicas en niveles óptimos, como la acidez o los niveles de oxígeno. La respuesta al estrés es lo que hace el cuerpo para restablecer la homeostasis. Se ha observado que el cerebro ha evolucionado para buscar la homeostasis y la respuesta al estrés se moviliza no solo ante agresiones físicas o psicológicas, sino también ante la anticipación de las mismas. Para mamíferos cognitivamente sofisticados como los seres humanos, esto significa que la respuesta al estrés puede activarse simplemente pensando en una situación estresante. De hecho, ¡es posible activar una respuesta al estrés tan intensa como si el evento hubiera ocurrido realmente, basándose únicamente en la anticipación! En algunos casos, el estrés anticipatorio puede ser protector al preparar el cuerpo para un evento estresante próximo. Sin embargo, cuando la respuesta al estrés se activa sin motivo o ante la anticipación de variables incontrolables, el resultado es ansiedad, paranoia e incluso depresión. Cuando se prolonga, el sistema suprarrenal, responsable de liberar las hormonas del estrés, se agota, lo que se conoce como fatiga suprarrenal. El exceso de cortisol liberado crea un desequilibrio y debilita el sistema inmunitario. Los síntomas comunes en este estado incluyen desequilibrios de azúcar en sangre, resistencia a la insulina, alteraciones del estado de ánimo y del sueño, fatiga crónica, hipertensión arterial, diabetes, resfriados o infecciones frecuentes y aumento de peso. Una respuesta al estrés continua o excesiva puede ser perjudicial y manifestarse como enfermedad autoinmune, úlceras pépticas, enfermedad cardiovascular o incluso cáncer. Este modelo fisiológico del estrés también se aplica al entorno laboral moderno, donde las personas están sometidas a múltiples presiones constantes para rendir y cumplir con las exigencias de la organización. La inestabilidad económica, los despidos, la reducción de personal, los recortes salariales y el aumento de la carga de trabajo, junto con factores como la insatisfacción laboral o la falta de apoyo, son fuentes importantes de estrés en el trabajo. La Organización Mundial de la Salud define el estrés laboral como «la respuesta que las personas pueden tener ante exigencias y presiones laborales que no se corresponden con sus conocimientos y habilidades y que ponen a prueba su capacidad de afrontamiento». Un entorno laboral estresante influye directamente en la salud y el bienestar de las personas.
¿Cómo afrontar el estrés de forma eficaz?
Reconocer los síntomas a tiempo y tomar medidas para contrarrestar o minimizar el estrés laboral son fundamentales para lograr un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar o personal. Desarrollar la capacidad de predecir los factores estresantes y encontrar una forma de canalizar el estrés también contribuye a una mayor sensación de control sobre la situación. Mantener el autocontrol y la confianza mediante una comunicación eficaz en el trabajo y centrándose en lo controlable es una forma de inteligencia emocional que minimiza el estrés. Es necesario contrarrestar la constante actividad con tiempo libre y relaciones sociales para obtener apoyo emocional. Huelga decir que el ejercicio y un sueño reparador también son factores importantes para mantener el bienestar físico y psicológico. Las prácticas de atención plena, como la meditación, los ejercicios de respiración profunda o el yoga, ayudan a calmar y relajar la mente y a activar cambios en las respuestas inmunitarias, así como en la función cognitiva relacionada con la memoria, el aprendizaje y las emociones. Estas prácticas también permiten a las personas mantener una actitud positiva ante la vida y volverse más resistentes al estrés diario.
Finalmente, el uso de sustancias naturales conocidas como adaptógenos mejora la capacidad del cuerpo para afrontar con mayor eficacia las exigencias de la vida diaria, proporcionando una sensación de calma sostenida y aumentando la energía. Los adaptógenos son una clase de plantas medicinales que se han utilizado durante siglos en la medicina china y ayurvédica para promover el bienestar. El término adaptógeno se refiere a la capacidad de estas hierbas para ayudar a adaptarse al estrés regulando la respuesta suprarrenal al mismo. Algunos ejemplos de adaptógenos eficaces son:
- La ashwagandha es un tónico antiinflamatorio y calmante que protege contra el estrés oxidativo y previene el envejecimiento prematuro.
- La rodiola es un adaptógeno ansiolítico que refuerza el sistema inmunitario y mejora la resistencia mental y física.
- La albahaca sagrada o Tulsi, una hierba que promueve la longevidad, alivia la fatiga y mejora el estado de ánimo.
- Shatavari, la reina de las hierbas para rejuvenecer la salud hormonal femenina y normalizar los trastornos del sueño y la secreción de insulina.
- Eleuthero, un potenciador del rendimiento y la concentración que se utiliza para aumentar el estado de alerta mental y la concentración, y que ayuda en la desintoxicación.
- Triphala, un adaptógeno rejuvenecedor que posee propiedades antibacterianas y antivirales, y que también es conocido por ser un potente depurativo de la sangre y el hígado.
La incorporación de estos adaptógenos como tónicos ayuda a combatir el estrés, mejora la resistencia al mismo, promueve una sensación de bienestar y restaura la vitalidad de forma eficaz. Etiquetas: Estrés
